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martes, 19 de marzo de 2013


En esta lluviosa tarde os dejo un breve cuento de infantil, espero que os guste


AUSARDIA

Érase una vez un príncipe al que le gustaba mucho ir a caminar por el bosque con su hermano pequeño llamado Lucas. Todas las mañanas antes de que todo el reino despertarse, los dos muchachos se adentraban en el maravilloso bosque, lleno de altos árboles e inmensas llanuras de flores de colores. El paisaje era encantador, mágico y desprendía un aroma inexplicable. A los dos niños les gustaba mucho pasar sus ratos libres por esos senderos, pero a demás de eso, había una razón por la que todas las mañanas iban allí.
Cuando eran pequeños al príncipe y a Lucas les gustaba mucho dormirse escuchando los cuentos que su padre les contaba todas las noches. Para ellos eran cuentos emocionantes, con historias de brujas que vivían en tierras muy lejanas, encantamientos y tesoros. A demás  les costaba mucho conciliar el sueño si alguna noche su padre no podía contarles aquellas historias. Pasaron los años y esas largas noches inolvidables entre padre e hijos no cesaron, pero un buen día  el rey  murió por una grave enfermedad.
El príncipe y su hermano  tuvieron que acostumbrarse a dormir sin escuchar la voz de su padre antes de acostarse, pero así todo, todas las noche al quedarse dormidos soñaban con las historias que su padre les contaba.
Los dos hermanos empezaron a tener los mismos sueños, a imaginarse los mismos paraísos y los mismos bosques llenos de flores. En esos sueños veían a su padre recostado en la cama con ellos y contándoles como en esos paisajes de ensueño se encontraba uno de los tesoros de los que tanto les había hablado en sus cuentos. Un tesoro muy importante para los habitantes de su reino. En él se encontraba una corona que su padre había escondido años atrás para prevenir  el daño que podría hacer si esa corona caía en manos desconocidas. Era el símbolo del reino y solo un rey bueno, humano, caritativo y generoso podía poseerla.

Habían sido muchas las veces que habían pretendido robar la corona y por miedo a que eso sucediera alguna vez, el rey decidió esconder la. El rey nunca explico a nadie lo que había hecho con ella  y mucho menos contar donde la había escondido. Por ello decidió inventarse cuentos sobre tesoros y contárselos a sus hijos, para que estos cuando fueses mayores pudieran entenderlos y conseguir salvar al reino de las manos de algún malvado.

Con el tiempo  y después de recorres muchos rincones, el príncipe y Lucas encontraros el lugar que tanto veían en sus sueños, ese lugar mágico que tantas veces lo había descritos su padre.
 Una mañana el príncipe y Lucas se adentraron en el bosque dispuestos a  encontrar la corona del rey, pero un viejo hechicero se les había adelantado. El anciano salía de una oscura cueva con el tesoro en la mano y dispuesto a dar su vida por coronarla y ser el soberano del reino. Los dos hermanos se abalanzaron sobre el hombre dispuestos a luchar por ella, aunque se dieron cuenta que la lucha sería complicada, ya que el hechicero poseía el bastón mágico que le hacía ser muy poderoso. En ese momento el príncipe recordó las historias que le contaba su padre, las cuales siempre le decía que para derrotar a un ser muy poderoso se debía  usar el valor. En ese instante el príncipe recordó que la espada que heredó de su padre tenía como nombre “Ausardia ”  que significaba valor en un idioma antiguo. La empuño  con las dos manos, la elevo sobre su cabeza y utilizando toda su fuerza golpeó el bastón mágico que utilizaba el hechicero para derrotar a la gente, de ese modo, el anciano fue derrotado y desposeído de sus poderos.
Al ver que el hechicero no presentaba ninguna amenaza para el reino, el príncipe obtuve la corona y perdono al hombre por el daño que había intentado hacer a su pueblo. En ese instante el príncipe se colocó la corona en lo alto de la cabeza como representante del  futuro rey y todo ello  por su bondad, generosidad y valentía que había demostrado.
El príncipe y su hermano Lucas regresaron al reino junto con el hechicero ya que se había convertido en una buena persona y de ahí en adelante pasaría a ser  uno más entre los muros del castillo. 

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